El Silencio del Barro y el Cítrico

Obra original

El Silencio del Barro y el Cítrico

2011

BodegónFrutasInterior

La luz entra sin pedir permiso y dibuja en la pared la silueta de una ventana, trayendo consigo el calor de la mañana. Se desliza sobre la mesa y despierta los aromas de la cocina dormida. Huele a limón, un perfume ácido y brillante que emana de la piel soleada de cada fruta. Huele a ajo, un susurro picante y terrenal. Huele a barro, a la frescura mineral de la vasija y el cuenco que esperan pacientes. Es una pintura que se siente en el paladar y en la piel; la promesa del frescor del cítrico, la calidez del sol sobre los azulejos. Es la belleza de lo cotidiano, un instante de paz donde la luz y el silencio se sientan a la mesa.

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